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LA FORESTAL: despojo, revuelta obrera e historia social retratada en la música popular.

Por Marcelo F. Muiños

Una historia que forma parte de la memoria colectiva de los pueblos del norte santafesino y el Chaco, es la de la empresa de capitales extranjeros (en su mayoría ingleses, pero también alemanes y franceses) que fue tristemente conocida como LA FORESTAL, hablar del quebracho y la desolación que dejo la tragedia del tanino, es relatar la destrucción de una parte importante de los recursos naturales, la explotación de sus trabajadores y los oscuros contactos con el poder de turno de fin del siglo XIX y entrado el XX. Toda esa tragedia dio lugar a obras que relataron esos hechos en canciones de la música popular (chamamé), la literatura y obras integrales, que hicieron que no quede en el olvido el despojo de nuestra tierra.

La firma se inicio en 1872 a raíz de un empréstito (como siempre) perjudicial para la Argentina, que nuestra provincia de Santa Fe obtiene con la empresa Casa Murrieta de Londres. Esta empresa llevó a la desastrosa explotación de 1.500.000 hectáreas de quebrachales en el Chaco Austral. La compañía explotó desde 1906 durante sesenta años esa vastísima área del bosque de quebrachos más importante del planeta que se alzaba en el Chaco austral. La empresa cuyo nombre formal era “Compañía de Tierras, Maderas y Ferrocarriles La Forestal Limitada” exportaba postes y durmientes para el ferrocarril, rollizos y, esencialmente, para la elaboración del tanino destinado a la industria de la curtiembre de cueros. Lo que quedó es un suelo desolado, decenas de pueblos fantasmas en la provincia de Santa Fe (Tartagal, Villa Guillermina, Villa Ana, La Gallareta, etc) y el recuerdo del horror en miles de argentinos y de sus descendientes. La firma inglesa llegó a tener más de diez mil obreros (algunos afirman que hasta 20.000), en su mayoría hacheros (santafesinos, chaqueños, correntinos, santiagueños, paraguayos), carreros, obrajeros, empleados, que trabajaban doce horas diarias; pagaba con moneda propia o vales que después se canjeaban en los mismos almacenes de la misma compañía; sólo recibía órdenes de Londres, tenia pueblos suyos, ferrocarriles y puertos propios (Puerto Piracuacito), como detalla la obra del Abogado e Historiador nacido en Esperanza (SF) Gastón Gori, “La Forestal. La tragedia del Quebracho”[i]; formó un cuerpo de gendarmería volante propia y en las altas chimeneas de sus fábricas lucía el escudo de la monarquía británica, con monedas con el sello de la Corona, sobresueldos a los Comisarios y Jueces de Paz a fin de mantener controlados a los obreros “revoltosos”, durante el esplendor de la producción trajo innovaciones para las casas y residencias de los empleados jerárquicos (agua corriente, luz eléctrica, etc) toda una novedad en la inhóspita zona. Fue un Estado dentro del Estado. Entre 1919 y 1922[ii] las huelgas de hacheros a causa de la precariedad y explotación de sus trabajos fueron reprimidas salvajemente por las fuerzas de represión a favor de La Forestal (fuerzas estatales y bandas civiles contratadas), hecho muy bien descripto por Osvaldo Bayer[iii], la durísima represión contra los obreros huelguistas, tuvo una honda repercusión en la opinión pública argentina del momento, siendo una masacre que hasta el día de hoy se desconoce su número. En 1963, cuando lo que había sido quebrachal se convirtió en desierto, La Forestal dejó el país y se trasladó a Sudáfrica para explotar la mimosa, cuyo extracto también servía como curtiente, no se fueron por una crisis económica, sino que agotaron el negocio al extremo (destruyendo el recurso natural: quebracho) y se fueron a buscar otros lugares para explotar. “Entre 1947 y 1957, las ganancias de la empresa se calculaban en 50 millones de dólares y hacia 1963, sus excedentes eran del orden de los 750 millones de pesos nacionales. En forma paralela, desaparecía el quebracho, se cerraban las fábricas y crecía la desocupación y las poblaciones iniciaban el exilio interno[iv]. “La Forestal fue ciertamente, como repite Gori, el más importante conformador de los últimos cien años de historia de toda la región del norte de Santa Fe: de su devenir económico, social, poblacional y político, tanto en los tiempos de bonanza como en los de desmantelamiento y crisis; comprender su funcionamiento, su peculiar forma de entender el equilibrio entre el poder económico y el poder político, son determinantes para dar luz a las claves que han conformado el desarrollo histórico de esta región”[v]. Todos estos temas merecen un mayor desarrollo, que por la extensión de la nota no podre profundizar, recomiendo la bibliografía citada para ampliar los datos emitidos.

Los pueblos cantan sus penas

La música popular siempre está presente donde hay un hombre que sufre, donde existe una historia que contar, donde es necesario recordar un hecho o suceso, ante la injusticia, intentando borrar del olvido a personajes, lugares y vicisitudes de un lugar o región, también expresa alegría y divierte al pueblo, pero siempre debe comprometerse con su realidad social. Para empezar hablaremos del famoso y ya clásico chamamé “Ajha potama” (“ya me voy” o “m estoy yendo” en guaraní) del cantante y compositor Evaristo Fernández Rudas[vi], conocido como “el pibe” Fernández, canción fundamental del norte santafesino, fue compuesto en 1932, cuenta con detalles los pueblos del Chaco santafesino “y la zona forestal” además de nombrar personajes que formaron parte de las historias que venimos relatando, el autor recorrió toda la zona y obrajes junto al poeta Samuel Cernadas y José Curleti, con su guitarra y composiciones. En su letra original evocaba un adiós al Partido Radical, eran las épocas del radicalismo antipersonalista, el compuesto original expresaba “Adiós colonia Florencia y los campos de arazá, adiós la picada grande que fue che dulce mbotá, adiós Francisco Lallana y el Partido Radical, adiós mis pagos queridos de frondoso carrizal”, fue modificado en 1950 en su primer estrofa y es como se lo canta en la actualidad. Rogelio Lamazón fue un abogado y político radical de Villa Guillermina, con un fuerte predicamento popular, que obró como defensor de los obreros de la Forestal, siendo asesinado en raras circunstancias frente al almacén de la empresa en 1940 durante un comicio electoral: “Adiós Colonia Florencia, Guillermina y el Rabón, adiós che gente porá don Rogelio Lamazón”, en guaraní quiere decir adiós “mi gente buena”[vii].  “Opaitema che esperanza” se terminó mi esperanza dice en otra parte guaraní del tema. Posee a la fecha más de 42 grabaciones registradas, desde Ernesto Montiel y su Cuarteto Santa Ana hasta hoy La Nueva Luna ejecutando chamamé, entre ellas es recordada la versión del “Rey del chamamé” Don Tarrago Ros (padre) con Glosas de Edgar Estigarribia, grabada cuando residían en la ciudad de Rosario, que rezaba en su inicio “Chaco Santafesino, errabundo y dolorido siempre buscando tu luz me vio cruzar tu floresta, con esta guitarra a cuestas como Cristo con la cruz”.

Ya entrado en los Sesenta y en el denominado “boom del folklore”, surge un intérprete y autor eximio, cofundador de LOS TROVADORES del Norte (luego Los Trovadores), grupo señero del canto vocal con compromiso social y parte ineludible de la historia del folklore nacional, hablo de Carlos Pino. Nacido en Colonia Baranda, Chaco, su padre paraguayo arribó al país para trabajar en La Forestal. Luego de que los ingleses saquearan el quebracho colorado y el tanino, dejando diezmados los pueblos del Chaco y Santa Fe, comenzó el proceso de migración interna de muchas familias hacia las ciudades centrales como Rosario o Buenos Aires, su hermana mayor Alejandrina lo llamó desde la “Chicago Argentina” y allí fue. Empezó a trabajar como aprendiz en un taller metalúrgico donde conoció a Francisco Romero, y entre guitarreadas y guitarreadas, en 1956 formaron Los Trovadores del Norte con Bernardo Rubin, Sergio José Ferrer y Eduardo Gómez[viii]. El conjunto hizo su aparición pública a fines de 1956 en el histórico barrio de Echesortu, corazón oeste de Rosario. El camino del grupo luego tendría su estrellato en Cosquín con “Puente Pexoa” y de ahí en adelante es conocida la historia. Pero aquí quiero tratar, continuando con la temática que venimos contando, varios temas que dio a conocer Pino y retratan con excelencia la realidad trágica de lo que sucedió con La Forestal. Como ser “Los últimos obrajes”, “Carrero Cachapecero” de Heraclio Pérez y Marcos Ramírez, “Entraña de Árbol”, El ultimo cachapecero”, Jacinto cachapecero (Almirón), y “De Santa Fe al norte” solo por nombrar algunos temas de su obra.

“Entraña de Árbol” es un poema escrito por el poeta mendocino Armando Tejada Gómez especialmente para Carlos Pino, formó parte de la obra “Los oficios de Pedro Chango” grabada por Los Trovadores entre 1966 y 1967, la misma es un poema cantado – como decía la tapa del disco – que trata los distintos oficios del país, como el peón golondrina, el trabajador de los yerbales, el hombre de puerto, etc. “Yo soy nacido en Baranda un lugar muy olvidado. Se llevaron el tanino y el pueblo se fue secando” dice la canción, que además dio nombre al primer disco solista de Pino editado en 1995. En el mismo disco encontramos temas realizados con el poeta y escritor rosarino Rafael Ielpi, como “De Santa Fe al norte”, con música de Carlos Pino, el chamamé canta así: “Me acuerdo de unas calles polvorientas, rojizas por la huella del tanino, del monte que guardaba los quebrachos, bajo un verano padre y amarillo. De un relumbrón de sapucai perdido, cuando anunciaba el aire la mañana, y una sirena que cortaba el aire, y un pasmo de aserrín en las gargantas. Me acuerdo del quebracho que caía con un ruido de trueno entre los montes y el relumbar del hacha en el silencio espantando a los pájaros, cantores. Del cachapé[ix] cruzando en el obraje camino de la playa de rollizos y la bailanta de olvidar las penas y el pobrecito sueño del domingo. Del Pedro hachero y de la Juana humilde sobreviviendo en tierras forestales y un lento asomo de riqueza ajena envejeciendo todas las edades. Me acuerdo de una Villa Guillermina donde duerme la historia sepultada y regresar los nombres de mi gente por la picada, por la picada”.

En el año 2002 Carlos Pino edita por el sello de la Municipalidad de Rosario (EDICIONES MUSICALES ROSARINAS), “Tiempo de cosecha”, donde vuelve a tocar esta temática con la polca “Los últimos obrajes”, esta vez sobre la letra de Roberto Michaut, “Van muriendo los obrajes del chaco santafesino”. Muchas veces se dice que el chamamé solo le canta al paisaje o nunca dice cuestiones profundas, no es así “el manojo de chamamés que cuentan la vida de los pueblos forestales está cargado de denuncias de una realidad social que sigue siendo dolorosa”[x]. Otra obra para destacar es la llevada adelante e interpretada por el rosarino Quique Llopis, Crónica cantada de LA FORESTAL, obra musical y teatral, de 1984, estrenada en el Teatro La Comedia de Rosario. Sobre textos de Rafael Ielpi, tomando como base la obra ya citada de Gastón Gori, con música de Jorge Cánepa. La misma tuve una nueva muestra en escena nacional en el año 2012. Por último, las nuevas canciones e intérpretes le siguen cantando al triste legado que nos dejo la empresa inglesa, como Patricia Gomez, en su ultimo disco “Piel de Río”, interprete de Reconquista, que en el tema “Paraje el Timbó” con poesía de Gustavo Machado y música de Mariano Pereson, recuerda la zona por donde estuvo presente la actividad de la firma que destruyo el quebracho, “un soplo de viento norte cruzo silbando las penas que le dejara La Forestal”. E. Fernández Rudaz (H) realizo un disco dedicado al poeta norsantafesino Samuel Cernadas, bajo el título “Cernadas. Mi Comarca” y es parte de la colección “La Tierra del Yarará”, como homenaje a la tierra del chaco santafesino. Samuel Cernadas fue un poeta de Reconquista, trabajador y conocedor de los obrajes forestales, que publicó el libro “Mi comarca” y muchas de sus poesías fueron musicalizadas por Evaristo Fernández Rudaz y Orlando Vera Cruz entre otros. Otro gran autor santafesino, nacido en Vera, como Miguel Ángel Morelli en la canción “Mi mundo forestal” retrata el paisaje que estamos describiendo, dice “Yo vengo de ese norte forestal, de un mundo de quebracho y animal, yo vengo de esos montes, que ocultan horizontes y habitan el guazuncho y la torcaz, yo soy de aquella tierra, agreste y maderera, de puma viento norte y yarará”. También es válido recordar la película “Quebracho” del Director Ricardo Wulicher estrenada en 1974, con guion de José María Paolantonio, que conto con la participación de Héctor Alterio entre otros actores. Y así podemos seguir y seguir citando. También existen documentales y realizaciones audiovisuales que investigaron sobre esta parte de la historia del norte santafesino. Dejamos el tema abierto a la curiosidad del lector, para ampliar este artículo que es solo un resumen de una larga novela sucedida en Argentina y muy bien retratada desde el arte, la literatura, la canción folklórica, la poesía y el cine, solo queremos aportar un poco a no perder la memoria colectiva de los pueblos, “la arena es un puñadito, pero hay montañas de arena”…

[i] “LA FORESTAL. La tragedia del quebracho colorado”. GASTON GORI. EDITORIAL Hyspamerica. 1988.

[ii] “Revuelta obrera y la masacre en la Forestal”. Sindicalización y violencia empresaria en tiempos de Yrigoyen. Alejandro Jasinski. Editorail Biblos. 2013.

[iii] Pagina12.com.ar Osvaldo Bayer. En los caminos vacíos de La Forestal, http://www.pagina12.com.ar/2001/01-07/01-07-07/contrata.htm

 

[iv] Fuente: www.edicionuno.com.ar

[v] Óscar Álvarez Gila. www.revista-hc.com/includes/pdf/21_24.pdf. Reseña bibliográfica del libro “La Forestal” de Gastón Gori.

[vi] El Chamamé. Música Tradicional de Corrientes (Génesis, desarrollo y evolución). Enrique Antonio Piñeyro. Ediciones Moglia. 2005. Pág. 426.

 

[vii] http://www.fundacionmemoriadelchamame.com/biografia/7/

[viii] http://www.diarionorte.com/article/126084/carlos-pino-el-chaqueno-que-conquisto-el-mundo-cantando-puente-pexoa por Pedro Solans.

[ix] Cachapé: Carro de dos o cuatro ruedas, arrastrado generalmente por bueyes, pero también caballos, mulas o burros, empleado generalmente para transportar troncos en los obrajes forestales, en particular se utilizó para los rollizos de quebracho. Consta de un armazón ligero colocado sobre los ejes. Sobre el origen y la etimología del nombre dado entre los obrajeros y hacheros del Chaco al carro que se emplea para arrastrar los troncos de los árboles derribados existe una controversia, para algunos es una palabra de origen quechua y viene de “Qhachapay”, que significa arrastrar, introducida por los hacheros santiagueños que formaron un contingente considerable junto a los correntinos, santafesinos y chaqueños, entre los trabajadores de los montes del Chaco. Además de la coincidencia fonética existe una igualdad evidente entre el significado de la palabra quechua -“qhachapay”: arrastrar- con la función que desempeña el “cachapé”, de arrastrar, los troncos de los árboles derribados. También es conocido como Alzaprima. Se utiliza en todo el litoral argentino. Fuente: “Diccionario Folklórico Argentino”. Felix Coluccio y Susana B. Coluccio. Tomo I. Editorial Plus ultra pàg.85.

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[x] http://www.riobravo.com.ar/otras-yerbas/cultura/item/659-voces-que-cantan-al-trabajador-del-quebracho?tmpl=component&print=1

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